Huaral

Un valle muy cerca de Lima. Era fin de semana y queríamos ir a un lugar no muy lejos de Lima para escapar de la rutina. Atraídos por su rica gastronomía y sus tierras fértiles, enrumbamos a Huaral. Salimos muy temprano, alrededor de las 5 de la mañana porque queríamos ver el alba.

 

 

En la carretera Panamericana Norte, altura del kilómetro 45, tomamos la variante de Pasamayo y ya estábamos inmersos en una densa neblina que solo nos permitió ver dos metros al frente de la pista.

Paramos para poner la GoPro y capturamos algunas imágenes de este fenómeno que, de alguna forma, nos intrigó y recordó algunas películas de suspenso. De pronto, nos dimos cuenta que nuestro amigo Luis nos esperó en medio de la niebla con su camioneta blanca, su Haval H6.

Era muy temprano, por lo que desviamos nuestra ruta e hicimos una visita a los Eco Truly Park. De la variante de Pasamayo entramos por la ruta del serpentín, como si retornáramos a Lima, a unos 500 metros en el kilómetro 63 vimos casitas distintas construidas de barro en forma redonda. 

Al final de la carretera, la playa Chacra y Mar nos dio la bienvenida, el reloj marcó las 6.30 a.m. Con una pequeña llovizna sentimos la paz del mar y un silencio que dijo que llegamos muy temprano. Tocamos la finca, demoraron un poco en abrirnos porque a esa hora estaban en oración, entramos justo cuando iban a empezar las clases de yoga. 

Empezamos el ritual y algunos de mis compañeros optaron por esta singular práctica. Allí visitamos el Templo Mayor y entendimos su modo de vida y el porqué de estas casitas curiosamente redondas. Su arquitectura concentró la armonía “debido a que la naturaleza material no es simétrica, la arquitectura védica, vastu sastra combina con la ecología y el modo de vivir armónico, espiritual y saludable”. 

Nos mostraron amigablemente su horno ecológico donde ellos mismos elaboran el pan y otros alimentos, además observamos sus chacras y cultivos de manera orgánica. Un lugar místico e interesante para cualquier persona que desee tener contacto con la naturaleza al borde del mar y tener un momento de verdadera paz, y practicar algunas de los mantras en contacto con la naturaleza.

Luego del recorrido por las instalaciones, tomamos un desayuno eco-saludable. La Hacienda Huando fue nuestra próxima parada. 

Pasamos por muchas chacras de cultivo hasta que llegamos a Huaral para dirigirnos a la exhacienda Huando, un antiguo fundo agrícola que funciona desde hace décadas y donde se cultiva la deliciosa naranja huando sin pepa. Fue aquí donde visitamos una vieja casona en su momento propiedad de los Graña, su capilla custodiada por dos leones de piedra, así como los cultivos de mandarinas y pecanas alrededor de la hacienda. Era casi la una de la tarde, teníamos mucha hambre, de vuelta al “Rancho de Robertín”.

Al llegar, nos recibieron con mucho cariño en medio de buena música en vivo, la mesa estaba tendida. Chancho al palo era el plato preferido por todos, pero cuando llegó el delicioso pato, luego el conejo, los frejoles, la carapulca, el arroz, todos sonreímos con tanta comida.

La mesa me recordó al inca y su corte que comían en abundancia y se deleitaban con grandes manjares traídos de todo el imperio. El vino y la deliciosa chicha morada sellaron nuestro almuerzo. El anfitrión don Roberto y su hija Carmen nos invitaron a conocer sus plantaciones donde ellos cultivan mandarinas, limones, y crían cuyes que, a la elección de un comensal, sirvieron para satisfacer el apetito. 

También estuvieron los gallos de pelea. Vimos al poderoso “ají seco” que por su color rojizo trajo a la memoria el cuento del “Caballero Carmelo”, obra del escritor peruano Abraham Valdelomar. Todo allí estuvo lleno de historia y diversión, las cuatrimotos que sirvieron para recorrer el rancho y una piscina para refrescarnos del ardiente sol.

Cuando creímos que ya vimos todo, don Roberto y su hijo llegaron con sus caballos de paso, cual chalanes galopando al ritmo de una marinera norteña. ¡Vaya espectáculo! ¡Inolvidable tarde! No había cuándo acabar ¡ah! Me olvidaba comentarles sobre los dulces de doña Carmen y su rico cafecito que sellaron nuestra estancia.

Datos del viaje

Ubicación: 88 km al norte de Lima

Clima: Húmedo y semicálido

Duración de viaje: 1 h 30 min

Platos típicos: Pato en ají, chancho al palo, pachamanca de chancho con carapulca

El vehículo

Unidad de viaje / Motor: Haval H6 / 1.5 Turbo

Recorrido total: 88 km

  

 

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