No necesitas salir de Lima para deleitarte con majestuosas lagunas, históricas cordilleras y fascinantes misterios.
Prepara tu maleta, enciente tu vehículo y despeja tu mente. Canta está a 3 horas de Lima metropolitana, así que pierde cuidado y acompáñanos en esta aventura. Lo primero que tienes que hacer es ir al norte, por la Av. Universitaria o la Túpac Amaru, cualquiera que sea la opción, estas se juntan en el km. 22, para dar paso a la carretera Lima-Canta, así que alista tu mejor playlist musical, porque en esta vía asfaltada pasaremos un poco más de 2 horas rumbo al destino. Y es tan bello que, mientras más te alejas, el gris cielo limeño va abriendo paso a un celeste espectacular.
La primera parada obligatoria es Santa Rosa de Quives, donde encontramos un hermoso valle, lleno de verdor, y con una frescura que se te antojará bajar la ventana del auto y llenarte los pulmones de ese aire tan puro. Aquí te recomiendo estacionar tu auto en uno de los múltiples espacios disponibles y si eres devoto recorrer la casa donde vivió Santa Rosa de Lima, que aun conserva ese espíritu colonialista, o también darte un empache gastronómico con la comida cosechada en el mismo valle.
Hay manjares irresistibles para todos los bolsillos (recomiendo el pan con chicharrón bien jugosito y el helado artesanal, que es para chuparte los dedos). Ahora si lo tuyo es más la aventura, también hay cuatrimotos disponibles, piscinas, o deportes extremos en tirolesa. Si esperas quedarte, hay opciones de alojamiento a precios realmente accesibles y clubes campestres bien implementados.
El siguiente destino es el pueblo de Canta, donde partiremos hacia Obrajillo, pero no sin antes admirar los maravillosos paisajes que brinda a ambos lados del camino (sugiero ir despacito, para no perder ningún detalle). En Obrajillo hay una serie de actividades que podemos hacer antes de llegar a la Cordillera de la Viuda.

Por ejemplo, podemos cambiar el asiento de cuero por otro similar, pero que se mueve de forma distinta. Sí, estoy hablando de montar un caballo. Hay guías y todo lo necesario, así que será un divertido paseo por los campos hasta la catarata Lucle, que tienes que finalizar con un buen banquete de trucha frita o una pachamanca, pero procura no comer en exceso, porque por más rica que esté la comida, no queremos volver a Lima con muchos kilos extra.
Si quieres vivir la experiencia completa, debes quedarte y acampar. Hay zonas de camping establecidas y seguras donde pasar la noche en compañía de amigos, viendo el cielo estrellado, charlando anécdotas e historias de terror, bajo la luz de una fogata cerca al río Chillón. Dime si la vida no cobra sentido al hacerlo.
Pero el punto inolvidable es sin duda alguna la Laguna de 7 colores, llamada así por los tonos de celeste, verde y turquesa que puedes observar en distintas zonas. El solo ver este impresionante lugar te dejará con la boca abierta. Y lo primero que debes hacer es mirar el horizonte, tomar una bocanada de aire profundamente, y sentir la magia del lugar embriagando tu cuerpo. Por eso es recomendable ir temprano y disfrutar del espectáculo de los rayos de sol que bañan a la laguna. Las fotos que sacarás aquí son de otro mundo. Ahora, un tip para apreciar los 7 colores: los lugareños dicen que no debe haber viento meciendo el agua y todo debe estar tranquilo. Así que ya sabes, revisa el clima, alista tus maletas y ven a este precioso lugar que te está esperando, y no tan lejos de tu hogar.
La Cordillera de la Viuda lleva en su nombre una leyenda muy interesante: hace muchos años, la diosa Pachamama estaba casada con el dios del cielo, Pachakamac. Ambos eran padres de los mellizos Willka (sol y luna). En cierta ocasión, el dios Pachakamac cae al mar y es tragado por sus profundidades, dejando viuda a Pachamama. La diosa decide buscar un mejor lugar, llegando al valle del Río Chillón, donde vivía Wakon, el dios de la noche. Este dios engaña a Pachamama para que abandone a sus hijos y él pueda quedarse con ella. Pachamama, al darse cuenta del plan de Wakon, lo rechaza, él sin aceptar tal decisión decide asesinarla devorándola. Pero es gracias al amor de sus hijos y de Pachakamac que reacciona creando un terremoto, atrapando al dios de la noche. Intimidado, Wakon arroja el cuerpo de Pachamama, dejando encantada toda la cordillera, para luego huir.