Turbo: ¿Debería instalarle uno a mi vehículo?

 Si piensas en turbo, lo primero que pasa por la mente probablemente sea más potencia y velocidad, sin embargo, el turbo es más que eso. Para conocer los requisitos, en Nitro conversamos con Alexander Rodríguez, técnico profesional automotriz experto en la instalación de los mismos.

Un turbo o turbocompresor es un sistema que se instala a un vehículo para poder tener un mejor desempeño con menos recursos. Lo que hace es usar la energía que sale de los gases de escape para dotar de aire fresco al motor

Entre sus ventajas, la más importante es que consume menos combustible, porque puede dar la misma potencia que un cilindraje mayor, pero con menos recursos. También que en situaciones de altura mejorará el rendimiento, pues compensa la presión de la altura. Y al usar menos combustible, en términos prácticos es más eco amigable y emite menos CO2.

¿Es mi vehículo compatible?

Usualmente los autos que tienen turbo por defecto son los deportivos, pero existe también la posibilidad de que se lo instales a tu vehículo estándar si lo que buscas es más potencia. Dependiendo de qué tipo de vehículo y también del tipo de turbocompresor, puede hasta doblar la potencia de un motor y si es VTG (que disminuye el tiempo retraso con respecto a uno normal) hasta más.

“Un vehículo con turbo puede servirte para ahorrar o para tener más velocidad. Es rápido, es potente, y si tú lo sabes manejar, también es económico” señala el técnico  Alexander Rodríguez.

Los vehículos que son aspirados normalmente tienen que bajar la relación de conversión para ponérselo y depende mucho de la tecnología del motor. Este puede ser uno simple o de geometría variable VTG.

Un sedán estándar tendría que variar muchos aspectos, por ejemplo, añadirle piezas forjadas con tratamiento térmico. Un turbo hace que las revoluciones sean más rápidas, por lo que la pieza tiene que soportar mayores RPM y mayores temperaturas. La exigencia es mayor y por tanto la temperatura va a subir.

Los requerimientos y cuidados

Lo primero es preparar el motor para colocárselo. Es cambiarle prácticamente todas las piezas para que lleven el revestimiento térmico adecuado. Hay dos maneras: hay algunos que prefieren darles este tratamiento térmico a sus piezas y otros comprar un kit completo para el motor.

No solo necesitas una inversión en la parte mecánica, sino también en la electrónica, es decir variar a una computadora regulable que permita ser adaptada para este nuevo sistema de potencia y temperatura.

Además, si quieres tener mayor ganancia de potencia hay una estrecha relación con el peso. El turbocompresor ciertamente añade peso al vehículo, por lo que si deseas maximizar esta potencia tendrías que cambiar aros, capó, puertas, y todo lo que no te serviría para una competencia en la que prime la velocidad. Pero para un carro estándar no es tanta la necesidad, pero sí ayudaría mucho, y dependiendo de lo que se requiera, los complementos pueden ser de fibra de vidrio o fibra de carbón.

Los precios del mercado para la instalación completa de un kit para un uso urbano (incluyendo piezas y mano de obra) ronda los 20 mil dólares y así queda en óptimas condiciones. Rodríguez recomienda desconfiar en ofertas que vayan bajo este rango, porque al final nuestro motor será el perjudicado.

Entonces, ¿vale la pena?

En cuestión de consumo, si hablamos de un vehículo con motor bóxer, este va a ser mayor, pero un motor con cilindros en línea, como la mayoría de autos en el mercado, sí va a tener una reducción en el gasto de combustible en bajas velocidades.

Y quizás en un trayecto urbano no sea tan buena idea tener un turbo, a menos que te guste correr; pero si haces frecuentemente viajes a provincia, vas a llegar más rápido y con menos combustible y tampoco habrá pérdida de potencia en altura, por lo que sí sería una excelente inversión.



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